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viernes, 21 de junio de 2013

Mis actores fetiche: Wolf Kähler.

Cuando vi, hace muchos, muchos años, en el cine, "En Busca del Arca Perdida", fue una gran experiencia. Hoy día sigue siendo mi largometraje favorito de la saga. Sin embargo, tampoco puedo olvidar esas escenas finales que tanto me impresionaron, en que el poder oculto del arca de desataba y los espíritus que surgían de su interior causaban la muerte de todos los  que los contemplaban, derritiéndoles como cera fundida. Yo era muy inocente en aquella época y eran imágenes demasiado fuertes para mí.
También me traumatizó aún más el hecho de que una de las víctimas fuera el personaje que más me gustaba de la película.
Y es que,  aunque en la vida real los quiero a miles de kilómetros de mí, en la ficción, siempre me han fascinado los villanos y malotes. Con o sin risotadas, con sus muecas rabiosas y gestos bruscos y sobre todo, con esos defectos que no se molestan en disimular. Te comparas a ellos y te hacen sentir mejor persona.
En la primera película de Indiana Jones el que conquistó mi corazoncito no fue el simpático aventurero del látigo, si no uno de los oficiales nazis. Un personaje secundario llamado Dietrich que era muy malvado y que por tanto, debía ser castigado por la Justicia Divina, por lo que al final, se funde como mantequilla caliente para disgusto mío.
¿Y qué tenía este Dietrich? Pues aparte de ser un villano, sin poder considerarle guapo, me resultaba muy atractivo, con esos rasgos tan marcados, su gran estatura y por supuesto, un uniforme que favoreciendo a cualquiera, y que a él le sentaba de muerte .
Y es que  probablemente lo único bueno que aportaron los nazis fueron esos uniformes que a mí siempre me parecieron los más elegantes de la 2ª Guerra Mundial. (Y que quede clara mi repulsa absoluta hacia cualquier forma de fascismo).
El Mayor Dietrich fue interpretado por un señor nacido en Berlín llamado Wolf Kähler. Mide 1'93 y cuando rodó El Arca Perdida tenía 35 años, la mejor edad, para mi gusto.
Ha hecho bastantes más películas, pero siempre en papeles muy secundarios. Y el 90% de ellos ha sido un nazi malo; imagino que por lo bien que luce el uniforme y por esos rasgos tan genuinamente germánicos...
Estas imágenes son de "En Busca del Arca Perdida". ¿A que ahora sabéis de quién hablo?

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martes, 11 de junio de 2013

CLÁSICOS POPULARES

Empecé a apasionarme por la música clásica cuando tenía once años.
Beethoven fue mi primera gran obsesión y mi primer gran amor platónico. Poco a poco fui descubriendo otros autores.
Mi padre, que siempre fue un gran melómano, contribuyó mucho a alimentar mi afición. Nunca olvidaré el día en que fuimos juntos a un concierto en que interpretaban la Novena Sinfonía. Es uno de esos recuerdos que nunca se borran y quedan ligados a una persona que significó mucho para mí, y que ya no está.
Si aún viviera, estoy segura de que acudiríamos juntos a muchos conciertos.
Sin embargo, la poca cultura musical que tengo se la debo, sobre todo, a un programa de Radio Nacional, que también mi padre me dio a conocer y que no podía perderme un sólo día desde que lo descubrí.
Se llamaba "Clásicos Populares".
Durante una hora, de lunes a viernes, ofrecía fragmentos de obras conocidas (a veces, no tanto) de compositores de todas las épocas y estilos, comentadas con mucho humor y simpatía, de forma didáctica, pero cercana y amena. Vivaldi era "El Cura Pelirrojillo", Bach, "El Viejo Peluca", Beethoven, "El Sordo Genial...". Los Grandes Músicos eran personas con virtudes y defectos, no seres perfectos y divinizados atormentados por la incomprensión de sus contemporáneos.
La música se bajaba de ese pedestal de pedantería y elitismo en que mucha gente la sitúa injustamente, para hacerla cercana, asequible, DE TODOS, como debe ser.
Yo seguía "Clasicos" fervientemente; no me lo podía perder por nada del mundo. Incluso en vacaciones, mi familia tenía que aceptar que me llevara mi walkman para aislarme durante una hora todos los días...
A veces había concursos en que tenías que adivinar qué pieza sonaba o de quién era. Una vez llamé y gané un transistor; otra, un lote de discos de vinilo que aún conservo.

El programa empezó a emitirse hace 32 años. Yo lo escuché desde los 12 hasta aproximadamente los 19, año en que empecé a trabajar y ya no podía compatibilizar la escucha con mis horarios de trabajo.
Con el tiempo y mi ritmo de vida, lo fui olvidando...
Hasta que hace unos años, trasteando con la radio del teléfono movil nuevo, lo reencontré  por casualidad. Me alegró inmensamente comprobar que aún seguía en antena y que su director y presentador, Fernando Argenta, hacía las bromas y comentarios de siempre. Fue como toparse por casualidad con una gran amigo al que sin saber como, perdiste la pista.
Lo empecé a escuchar a las tres, de camino al trabajo y sólo podía oir la primera mitad, ya que entro a las tres y media. Pero me bastaba  ese ratito del día para disfrutar, igual que años atrás.
Sin embargo, lo hallé de nuevo para poder decirle adiós. Fernando Argenta, hijo del célebre director de orquesta Ataúlfo Argenta, y que ha dedicado toda su vida a difundir la música acercándola a los niños y en general, a todo el mundo, fue víctima del expediente de regulación de empleo de Televisión Española y Radio Nacional. Lo despidieron.
El 31 de julio de 2008 se emitió el último programa,  muy emotivo. Por desgracia, también dejó de verse por televisión "El Conciertazo", que dirigía igualmente Argenta y que era uno de esos raros programas que educa y divierte.
Es muy triste, pero al menos, la labor de este gran profesional ha dado sus frutos y muchos aficionados podemos decir con orgullo que fuimos oyentes de "Clásicos Populares".

lunes, 10 de junio de 2013

Richard Widmark, uno de mis actores favoritos.

Richard Widmark ha sido desde siempre y aún es, uno de mis actores favoritos.
Cuando falleció en 2008 a la respetable edad de 93 años, ya retirado desde hacía tiempo, lo lamenté mucho; me gustaba saber que seguía viva una de las pocas leyendas que aún nos quedaban de la época de oro de Hollywood.
 Hace sólo unos meses, compré una de sus grandes películas,  editada en DVD: Lanza Rota; un western sobre cuatro hermanos tratados con mano dura por un padre tiránico. Cuando este muere, sus hijos terminan enfrentándose entre sí, dando rienda suelta a sus avaricias, viejos odios y envidias.
Él interpretaba al hermano mayor, aquel con el que el padre se ensañaba más.

Hubo un tiempo en que veía cualquier película en la que apareciese Widmark, dándome igual el tema o el papel que interpretase, porque era sinónimo de buenhacer, toda una garantía.
Richard nunca fue un ídolo ni una de esas grandes estrellas que todo el mundo menciona, pero su indiscutible calidad como actor le convirtió, desde el principio de su carrera, en alguien muy respetado. Más feo que pegarle a un padre con un calcetín sudado, pero con un físico muy peculiar, que explotaba en sus papeles, tenía mucho magnetismo, un gesto picarón y una gran habilidad para hacer a sus personajes creíbles, reales.
Nunca sobreactuaba para demostrar sus cualidades, por el contrario, todo resultaba muy natural, como si interpretar fuera tan facil como la vida misma. Es algo que siempre he admirado en los grandes artistas; su capacidad para hacer que lo difícil parezca sencillo. Por eso nunca me han gustado los actores histriónicos ni los cantantes que tienen que gritar para demostrar que tienen mucha voz.
Aunque fue un villano genial, no se encasilló, y supo encarnar también a todo tipo de individuos, desde los más crueles a los más íntegros. Lo hemos visto en cientos de pelis de guerra, en westerns y en films de cine negro. En estos viejos thrillers era donde más me gustaba, sobre todo cuando hacía de gangster malvado y psicopatilla, un papel que siempre bordó como nadie.


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 "El beso de la Muerte", su primera película, y una de mis favoritas, causó sensación en su día. Hubo una escena en concreto que conmocionó al público de entonces. En este film, encarna a un gangster lunático con una risita nerviosa muy peculiar. En un momento dado, anda buscando a un tipo al que quiere liquidar. Localiza su casa y entra como si fuera un amigo, pero allí sólo está la madre del individuo, una señora italiana mayor e inválida. Al ver que el hombre ha huído y que la mujer intenta encubrirlo, la ata a su silla de ruedas con un cable arrancado de la pared y la arroja por las escaleras... Nunca se había visto un villano tan cruel.

La escena de "El Beso de la Muerte"

Ese papel casi le valió un oscar, que al final no obtuvo. Nunca le dieron la estatuilla, y no porque no la mereciera. Entre sus grandes películas están: El Álamo, Pánico en las Calles, La Ley del Talión, Dos Cabalgan Juntos, Vencedores o Vencidos, Asesinato en el Orient Express... y cientos más. Seguro que la mayoría las habéis visto alguna vez en la tele. 
Al igual que otros grandes del cine, Richard no se ha ido del todo: Nunca desaparecerá mientras sigamos disfrutando sus películas.

lunes, 3 de junio de 2013

El chico de negro

Cuando salgo del trabajo a la hora de comer, si no tengo que comprar nada, suelo dirigirme a toda prisa a la parada del autobus que me lleva a casa.
Normalmente, si he salido a mi hora, suelo ver, cruzando la carretera, al mismo chico todos los días.

Es tan puntual que se ha convertido en mi reloj humano. No sólo pasa en el mismo momento clavado cada jornada, si no que hace exactamente el mismo recorrido: cruza, bordea la parada y atraviesa la calle que hay detrás hasta que le pierdo de vista. Jamás varía su ruta ni un centímetro.

Es un chico alto y delgado, de unos veintipocos años. Debe de ser "gótico" o de alguna tendencia oscura del Metal, porque va siempre, sea la época del año que sea, vestido completamente de negro. En verano, con camiseta de manga corta o de tirantes, en invierno, con jersey, cazadora o abrigo largo, pero de rigurosísimo luto.
Jamás le he visto los ojos, pues lleva unas gafas de sol permanentes, aunque esté oscuro o nublado.
Su cabello, del mismo tono de la ropa, es liso y largo, a la altura de los hombros, con la raya enmedio y luce perilla. Otras veces lo lloeva recogido.
Tiene un arete en la oreja derecha y a veces se adivina entre su ropa un colgante con cadena plateada.
No es que le mire fijamente, pero a fuerza de verle tan a menudo, "me lo he aprendido".

Su forma de caminar es muy peculiar; con amplias zancadas y sin apenas mover los brazos, que deja sueltos; colgando. Avanza con la cabeza erguida, aunque suele inclinar un poco la parte alta de la espalda.

Los días que le veo, sé que me dará tiempo a coger el autobus y que voy bien de hora. Si algun día me he retrasado y tengo que esperar el siguiente, le echo de menos.
Me pregunto si, dentro de muchos, muchos años, su fantasma seguirá recorriendo el mismo trecho, eternamente. Supongo que tendrá nombre, amigos, familiares, novia...pero para mí es sólo el chico de negro de las 13:35.

**A veces pienso que no es real.**

martes, 21 de mayo de 2013

Robespierre x Saint-Just; mi primer slash.

Desde siempre he sido una fanática de la Revolución Francesa. Por supuesto, no me hubiera gustado vivirla en mis carnes; pero desde mi cómoda posición en el tiempo y el espacio, disfruto de toda novela, película o relato situados en aquel turbulento período.
De todas las grandes figuras que sobresalieron en aquella época, hay una que siempre llamó poderosamente mi atención y que he estudiado en profundidad a lo largo de los años: Maximilien de Robespierre.
Si me pongo a hablar de él, podría estar redactando una entrada interminable, así que lo dejaremos en que me parece un personaje muy interesante en muchos sentidos si bien, y esto que quede claro, nunca aceptaré ni aprobaré su legalización de la violencia ni las muertes que causó.
Y es que hay un Robespierre magnánimo, grande, puro y de ideas maravillosas, perfectamente vigentes hoy en día, y otro, el de la época de "El Terror", que perdió la cabeza, probablemente por casi 6 años de constante stress político y se creyó un Dios; un elegido, a la vez que veía enemigos por todas partes.
Trató de justificar el uso de la violencia como herramienta para sacar al país de una fuerte crisis y no supo ponerle freno. Por desgracia, lo último es siempre lo que cuenta. Es esa paulatina degeneración de un hombre íntegro y bueno en otro egocéntrico y perverso lo que me resulta más fascinante de él.

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 Robespierre tenía un aspecto algo panoli que rompía el cliché del revolucionario duro y desaliñado.

lunes, 20 de mayo de 2013

Soñando con las redes sociales.

He tenido un sueño curioso...
No ha sido un sueño agradable, y todavía estoy descifrándolo.
Lo recuerdo porque pocos minutos después, ha sonado el despertador. (Normalmente no recuerdo lo que sueño.)
Yo estaba en un sitio donde había mucha gente que iba y venía. Era un edificio con un interior moderno pero "muy usado". En algunos momentos, parecido a un instituto, en otros, era como un hotel o sala de exposiciones.
Me encontraba junto a un corcho, un tablón de anuncios, donde se exhibían varios dibujos  que la gente miraba al pasar. Cerca de mí, había un chico delgado con el pelo revuelto y gafas, el típico "friki" entendidillo, observando los dibujos y comentándolos, con unas amigas suyas. Entonces; miré hacia la derecha, y vi a una amiga  custodiada por un par de guardaespaldas grandotes vestidos de negro y con gafas de sol. Ella avanzaba con su escolta mientras hablaba de cuando en cuando con chicas que pasaban a su lado y después se iban.
Al verla, empecé a llorar... pero no lloraba de la emoción, si no porque me sentía muy ignorada por ella. En la vida real, mi amiga estaba viviendo en el extranjero. ¿Cómo es que se encontraba tan cerca de mí y no me había avisado?
Los guardaespaldas me miraban como diciendo: "¿qué le pasa a esta loca que llora así?", pero no me preguntaban qué me ocurría; seguían callados junto a mi amiga. Yo esperaba que esta me dijera:"No son visiones, mujer, estoy aquí de verdad, he venido de repente por esto y por lo otro...." Pero en lugar de eso, pasaba junto a mí, ignorándome como si no pudiera verme y se ponía a discutir con el chico de las gafas sobre uno de los dibujos, cuyos personajes yo no conocía y parecían ser de unas novelas de fantasía que esta chica lee y comenta de cuando en cuando en su blog.

Analizando después lo que soñé, me pareció todo muy gráfico. El hotel lleno de gente que viene y va, los tablones llenos de anuncios y dibujos  y la forma en que las personas intercambian conversaciones entre sí y luego se van a otra cosa, es una representación simbólica increíblemente acertada de las redes sociales.
Los guardaespaldas puede que simbolicen la distancia física que nos separa a mi amiga y a  mí. El que ella me ignorase se debería a un miedo a que su estancia en el extranjero nos distancie o pueda perjudicar nuestra amistad.
Posiblemente se tratara sólo de que la echaba de menos y me sentía frustrada por no tenerla cerca.
Curiosamente, estaba tardando un poco en responder un e-mail mío.

domingo, 19 de mayo de 2013

Saber opinar.

Tras ver una película coreana, me dediqué a buscar reseñas en internet, para comprobar si mis opiniones coincidían con las de otras personas que también la habían visto...
Y di con un blog en que su autor, la alababa, quizás sobrevalorándola un poco; pero argumentando bien sus ideas, por lo que su opinión me pareció muy respetable.
Pues bien, lo más lamentable es que en ese blog había un hilo de comentarios en que la mayoría de la gente; sobre todo aquellos a los que la película no gustó en absoluto, descalificaban, insultaban y faltaban al respeto no sólo al film, si no a las personas que lo apoyaban o incluso al cine oriental en general.

Y es una tendencia que a mí me preocupa mucho, y que abunda, sobre todo, en los foros de opinión.
La gente no sabe criticar ni opinar. El respeto a los demás se pierde totalmente cuando escudas tu identidad tras un pseudónimo.
En cinco páginas de comentarios, sólo había dos o tres personas que dieron las razones, argumentadas, por las que la película les había satisfecho o no, o que mencionaron tanto lo que les pareció negativo como también lo que encontraron positivo.

Espero que sea cosa de la edad, es decir, que responda a un comportamiento típico de adolescentes inmaduros que aún no saben expresarse y recurren rápidamente a la palabrota o al insulto sin más, pero me asusta un poco que haya tanta gente que no sepa dar su opinión correctamente si no es arremetiendo por las buenas contra lo que comenta o metíendose, sin ningun respeto, con todos aquellos que no piensan como ellos. Y eso sin mencionar que muchos de esos comentarios están plagados de faltas de ortografía o abreviaturas típicas de lenguaje de "mensajes de móvil"...

Espero que sea un reflejo de sólo una pequeña parte de la sociedad, por que si no nos espera un futuro muy negro.

domingo, 5 de febrero de 2012

Una nueva vida

Hace tres semanas, a mi cuñado, que llevaba cinco años recibiendo diálisis, le transplantaron un riñón. Últimamente estaba muy desanimado. Son muchas horas, tres días a la semana, enganchado a una máquina.
A veces regresaba muy debil del hospital.
Tampoco ha podido irse en todo este tiempo, ni siquiera por vacaciones, a ningun lugar que no tuviera cerca un hospital capaz de dializarle. Además había que pedir cita con mucha antelación.
Tuvo que dejar de trabajar (se prejubiló) y tampoco podía realizar muchas de las actividades que le gustaban, porque ya no tenía fuerzas para ello.
La operación fue bien y lleva ya algunos días en casa, está recuperando peso y aunque aún tiene que ir de vez en cuando al hospital para hacerse pruebas, todo marcha estupendamente. Hacía mucho tiempo que no le veía tan ilusionado y con tantas ganas de vivir.
Al parecer, el otro riñón del mismo donante, del que sólo sabemos que era una persona joven, ha ayudado también a otra persona a empezar a llevar una vida normal.
Como ya dije en un post anterior, soy donante. Espero que cuando llegue mi momento, alguna parte de mi cuerpo sea aprovechable y ayude a otras personas a tener nuevas ilusiones. Será como si un trocito de mí siguiera viviendo.

viernes, 27 de enero de 2012

“Puedo” y “Paqué”.

No sé si los que dibujáis o escribís tenéis esta lucha interna o es sólo cosa mía.
Me suele suceder que hay etapas, no muy frecuentes, en que me siento muy motivada y con muchas ganas de liberar mi venilla artística. No se trata exactamente de inspiración, es más bien como si alguien, un tipo simpático y seductor me dijera que soy capaz de hacer un buen trabajo, que no importa lo difícil que sea, que saldrá bien, que dentro de mis límites, quedará resultón. Me hace disfrutar durante el proceso y cuando termino, quedo medianamente satisfecha, y él me dice: 
-¿Ves? Ya te lo dije; está fenomenal. Ahora compártelo, para que todos lo vean, esto hay que enseñarlo-.
Le hago caso, porque él sabe cómo adularme, y si recibo dos comentarios y medio alabando ese trabajo, él me hace sentir como si fuera todo un éxito, y me anima a experimentar, a probar cosas nuevas, a continuar.
A este tipo tan agradable le llamo “Puedo”, porque siempre anuncia su llegada con una especie de hechizo que me hace pensar que podría dibujar lo que me propusiera y cuando está conmigo, de alguna manera “me sale” y además lo paso estupendamente.
Pero “Puedo” tiene un viejo rival.
Es como un hermano pálido, con aspecto tristón y bastante menos atractivo. En realidad, es mucho más insistente y paciente que el volátil “Puedo”.
A veces viene cuando su hermano el guapo se echa la siesta. Se me arrima por la espalda y me abre los ojos con sus manos huesudas o me pone una enorme lupa delante que me permite ver con espantosa claridad los fallos que sólo un  día o dos antes parecían no existir.  Además,  hay ocasiones en que “Puedo” se larga sin previo aviso, dejándome a solas con él  una temporada.
Lo llamo “Paqué”, porque cuando me ve coger el lápiz me susurra: -¿”Pa” qué pierdes el tiempo con eso?. ¿”Pa” qué dibujas y lo compartes habiendo tanta gente que te da mil vueltas? ¿Qué aporta?. ¡Menudos fallos de principiante!. Mira: esto está fatal. No te va a salir, no eres capaz de dibujar nada decente... Sólo dos comentarios y un favorito... ¡Normal, y es más de lo que merece!...-
"Paqué" se alimenta de mis inseguridades, así que, en mi caso, se pone las botas. No sé cómo está tan flacucho.
Si no ha logrado salirse con la suya y hacer que deje de dibujar para siempre es porque en realidad, lo hago más por una especie de necesidad, de liberación, que por un afán de llegar lejos con ello o de sorprender a los demás. Creo que sólo tuve esas aspiraciones muy de niña, cuando soñaba que llegaría a vivir del arte.
***
Me gustaría ser capaz de controlar a estos dos en lugar de permitir que jueguen conmigo, encontrar el equilibrio. Que “Puedo” me siguiera animando, pero que “Paqué” no dejara nunca de abrirme los ojos para que su hermano no me los tape con una venda de adulaciones.
Y es que "Paqué" es un petardo, pero también le tengo cariño, ya que,  curiosamente, cuando se ceba conmigo y dejo de dibujar durante meses por su culpa, descubro, que,  a la vuelta de “Puedo”,  me siento renovada,  la pausa me ha "reiniciado" y los resultados son algo mejores...

jueves, 27 de enero de 2011

Vida informática

A veces sería fantástico que la vida fuera como un programa de ordenador.
Imagina  por ejemplo cómo cambiarían las tareas más rutinarias y aburridas: la  limpieza de la casa, afeitarte o depilarte, sacar la basura o lavarte los dientes, conducir hacia el  trabajo o el largo trayecto en el autobus hacia la universidad...Con un  simple "copypaste" sólo tendrías que realizarlas una vez; al día  siguiente se repetirían de forma automática.

La función "cortar" valdría para deshacete fácilmente de la  charla del jefe, el rollo de la vecina pesada que te cuenta su vida  aunque no quieras escuchar o suprimir esos minutos interminables en que  parece que la hora de salir de clase o la oficina no llega nunca...

Tampoco estaría mal poder "deshacer cambios". Cuando  metieras la pata, dijeras algo inconveniente o te precipitaras en alguna  decisión... teclearías "Ctrl+Z" y...¡como si no hubiera ocurrido!
¿Que tienes el día tonto, estás hecho polvo o un poco "espeso"?,  te reseteas o te reinicias y tu mente se despeja y sientes tu cuerpo  lleno de energía.
Y no digamos lo útil que podría ser la "papelera  de reciclaje" para deshechar todas las cosas desagradables de la  jornada, tus temores, los problemas, las enfermedades...
Salvando y archivando las cosas buenas en tus carpetas  personales, nunca las perderías ni olvidarías y siempre podrías volver a  disfrutarlas con un simple "explorar" o haciendo doble click en el archivo correspondiente...

Claro que también habría grandes inconvenientes....Los virus podrían ser muy peligrosos.
Un hacker experimentado lograría descubrir tus secretos mejor guardados o robar tus ideas. Podrían copiarte ilegalmente y redistribuirte...
Pero quizás lo peor peor de todo sería que el "programa" se  quedara colgado o se reiniciara justo cuando estás en lo mejor de una  buena experiencia o... ¡un momento romántico!...¡¡Y sin haber podido guardar cambios!!

viernes, 19 de noviembre de 2010

Un diario

Ya desde muy jovencita yo tenía un diario.
Casi nadie tenía ordenadores ni había internet. Era uno de esos de papel, un cuaderno de hojas blancas o cuadriculado en cuya cubierta pegaba fotos de cualquier cosa que me gustara.
Era mi diario secreto (aunque en realidad no tuviera verdaderos secretos que anotar) pero en el fondo, cuando lo escribía, pensaba que quizás, cuando pasaran los siglos, alguien lo encontraría y lo leería...
Sin embargo, cuando pillé a mi madre una vez husmeándolo no me hizo ninguna gracia, y dejé de escribir.
Ironías de la vida.

Con internet todo va más allá.
Estoy compartiendo mi diario con desconocidos.
Quizás tú lo estés mirando por encima, o por cualquier razón te apetece leer hasta la última letra...
Pero....siempre he tenido la impresión de que un blog personal es como dejar tu diario abierto en un banco del parque...
¿Cuántas personas habrá leyéndolo realmente ya sea esporádica o asiduamente? ¿Cuántos de los que ni siquiera conozco la existencia, se asoman a esta ventanita a mi vida?
La verdad es que habiendo tantas cosas interesantes por encontrar en la Red, dudo que esto suceda de verdad, que muchos desconocidos me lean... ¿Gente aburrida, psicópatas, mi futuro marido, pervertidos?
Asusta un poco, pero en el fondo resulta apasionante.

Cada entrada es como un mensaje dentro de una botella, arrojado al mar con la esperanza de que alguien lo rescate de las olas.